Apuntes sobre lo Urbano: Espacio Público, Ciudad y Reglamentos



Cuando Jean Baudrillard hablaba sobre cómo las esencias de los hechos humanos han desaparecido de las ciudades, se refería, en gran medida, a esta creciente artificialidad que va provocando en nosotros, sus habitantes, una inmensa nostalgia por lo real. Un fenómeno que se disimula, a la vez que se exacerba, por el hecho de que en la ciudad del espectáculo nos ocupamos tanto de absorber por los sentidos, que raras veces nos cuestionamos críticamente nuestra situación en el mundo.

En esa hiperrealidad, los hiperespacios generados por la euforia posmoderna han hecho de la arquitectura edificatoria un catálogo de envolturas que son poco más que muestras prêt-à-porter de la obsesión por el ensimismamiento y la separación del exterior, nómadas que ya no ocultan su grosera indiferencia por la ciudad que les rodea (a la que no les interesa aportar lo mínimo). Son espacios de consumo, encierro y/o producción, revestidos de interioridades temáticas que se nos ofrecen como relleno efímero de identidades diluidas. El urbanismo disneylandia acercándose a su máximo esplendor, celebrado como ‘desarrollo y progreso’ desde una masa encandilada por luces, marcas y maquetas de ciudad amurallada. Una sociedad auto-recluida celebrándose en ridículas caricaturas de ciudades medievales esculpidas en honor a sus temores, fobias e inseguridades

La defensa a ultranza que se hace en estos días de los entornos urbanoides, que buscan ofrecer experiencias de ciudad filtradas de conflictos e ‘impurezas’, son reflejo claro de una sociedad que ha terminado de aceptar -y de adoptar- como modelo viable -y deseable- de ciudad el del “archipiélago carcelario”. Una sábana de retazos mal cocidos que se va extendiendo sobre un suelo saturado hasta la asfixia, al que el ansia de los desarrolladores va privando de sus facultades con una resistencia descarada a las regulaciones y la planificación. Porque la medida del éxito en nuestra economía sigue siendo el “crecimiento”, en vez de la optimización. Un fetiche que nuestra política ha asumido como dogma, santo y seña del camino al “bienestar”, haciendo gala de una visión cada vez más asistémica, empañada por clichés y empeñada en arquetipos que se siguen replicando como prescripciones válidas pese a múltiples y acumulativas evidencias de fracaso.

Ensayo completo en el siguiente link: http://www.laciudadparalela.com/espacio-publico-ciudad-y-reglamentos/

(Imagen: sitio web La Ciudad Paralela)