De los Planes, Regulaciones, Planes Reguladores y la (falta de) Participación



Los objetivos de cualquier regulación o plan no pueden definirse sin entender la ciudad y el territorio como parte de un mundo social en construcción. Y esto, indefectiblemente, alude a la importancia de la participación. El reclamo de ciudades conscientes de sus patrones de consumo y sus impactos, habitadas por individuos y comunidades vinculadas de manera más dinámica con las estructuras de su entorno, requiere de su participación en procesos críticos y creativos (más que consultivos o de recolección de avales). Parafraseando a Heidegger, no es igual habitar para construir, que construir para habitar.

Esto implica comprender que la participación social en la construcción del medio físico (y el hábitat) no es lo mismo que la participación en los procesos de planificación; no se pueden entender igual, porque su significado -casi- nunca es el mismo. La participación en la planificación que se formula y ejerce desde el mismo seno del sistema suele conllevar el sesgo de políticas que al ser impulsadas desde el mercado terminan con frecuencia coaccionando decisiones técnicas, legales y de gobernanza urbana. O si son, por el contrario, impulsadas desde la ideología y la burocracia, tienden a caer con demasiada facilidad en demagogia, o en la maraña de una opinión pública -y publicada- que se nutre del abono fácil de la paranoia. Se trata, en todo caso, de un flujo débil u omiso de información a la ciudadanía, mal endémico de pirámides de poder anquilosadas que se niegan a ceder sus cuotas y a abrir verdaderos espacios de empoderamiento ciudadano. El ‘empoderamiento’ es cliché y lugar común en casi todos los discursos, pero lo cierto es que ese concepto les sigue dando terror a los políticos.

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(Imagen: sitio web La Ciudad Paralela)