El Paisaje Urbano en La Carpio



MARCO CONCEPTUAL PARA UNA INTERPRETACIÓN DEL ESPÍRITU DE LUGAR DE LA CARPIO

-Con base en las teorías de C. Norberg-Schultz-


Genius Loci y la Arquitectura

El lugar es mucho más que la simple locación. El lugar es el espacio en donde ocurre y concurre la vida. Un lugar es un espacio con un carácter distintivo, determinado por cómo son los elementos que lo componen. “Genius loci” es un término de origen romano, que corresponde al “espíritu del lugar”, un término que desde tiempos ancestrales ha sido reconocido como la realidad concreta con la que las personas afrontan su vida diaria.

La Arquitectura es la “visualización” del genius loci, y la tarea del arquitecto o arquitecta es crear lugares llenos de significado, que ayudan al ser humano a encontrar su morada en el mundo. La “morada”, en un sentido existencial, es el propósito de la arquitectura. El ser humano logra su morada cuando puede orientarse dentro de la misma e identificarse con un entorno o, en pocas palabras, cuando experimenta un contexto como algo lleno de significado.

Es en este sentido que la arquitectura representa un medio para dotar al ser humano de un soporte existencial, convirtiéndose en una concretización de ese espacio. Un soporte o punto de apoyo que no podría lograr únicamente a través de la comprensión científica. El ser humano necesita símbolos, es decir, obras de arte que representan situaciones o circunstancias de su vida. La arquitectura moderna, en general, ha excluido la dimensión existencial, con algunas excepciones. En la actualidad es muy común darle mayor importancia a los instrumentos en sí mismos que a la propia vida de las personas en el mundo. ¿Cómo analizar, entonces, un contexto urbano como La Carpio, drásticamente marcado por condiciones socioeconómicas tan determinantes?

Dentro de este escenario, se puede visualizar las condiciones socioeconómicas como una especie de marco que ofrecen cierto “margen” para el desarrollo de la vida, pero que no definen por sí mismas sus significados existenciales. Estos tienen raíces más profundas, las cuales están determinadas por las estructuras del “estar en el mundo”. 


La Estructura de Lugar

La estructura de un lugar puede ser descrita en términos de “paisaje” y “asentamiento”, y analizada mediante las categorías de “espacio y “carácter”. El “espacio” denota la organización tridimensional de los elementos que componen el lugar. El “carácter” denota la atmósfera, que es la propiedad más amplia de cualquier lugar. Se puede hablar del “espacio” como geometría tridimensional y como campo perceptual. El “carácter es denotado por adjetivos, que ayudan a describir una totalidad compleja.

Para conceptualizar mejor el término, sirva el ejemplo de cuando se visita alguna ciudad extranjera. De esta cautiva, por lo general, algún carácter en particular, lo que se convierte en parte importante de la experiencia de viajar. Todos los lugares tienen su carácter, y este es el modo básico en el cual es “dado” el mundo. El turismo moderno prueba que la experimentación de lugares diferentes es un interés humano superior, lo que refleja que son las peculiaridades propias de su carácter lo que los hace, en mayor o menor medida, fascinantes.

La estructura de un lugar no es un estado fijo y perenne. Como regla, los lugares cambian, a veces rápidamente. Esto no significa, sin embargo, que el genius loci necesariamente se transforma o se pierde. Cualquier lugar debe tener la capacidad de recibir diferentes contenidos (naturalmente, dentro de ciertos límites). Un lugar que sólo es apto para un propósito particular muy pronto se volvería obsoleto. Asimismo, es evidente que un lugar puede ser interpretado de diferentes maneras. Proteger y conservar el genius loci denota lo que es un lugar, o lo que “quiere llegar a ser”. Significa, de hecho, concretizar su esencia en nuevos contextos históricos.

Hasta cierto punto, el carácter de un lugar es una función del tiempo; cambia con las estaciones, el curso del día y el clima, factores que, por sobre todo, determinan diferentes condiciones de luz. Otros determinantes del carácter son los materiales, su constitución formal y la manera en que los bordes definen el lugar. Organizaciones espaciales similares pueden poseer características muy distintas, de acuerdo al tratamiento concreto de los elementos definidores del espacio (los bordes). “Un borde no es aquello en donde algo se detiene, sino, como reconocían los griegos, el borde es aquello desde donde algo comienza a hacerse presente” (Heidegger).

Según Norberg-Schultz, los lugares hechos por el ser humano se relacionan con la naturaleza en tres formas básicas:

  • Primero, la gente busca darle mayor precisión a la estructura natural. Es decir, visualizar su comprensión de la naturaleza, expresando el soporte existencial que ha alcanzado. Para lograr esto, construye lo que ha observado. Donde la naturaleza sugiere un espacio delimitado construye un enclave; donde aparece centralizada, erige algo; donde indica una dirección, desarrolla una senda.
  • Posteriormente, busca complementar la situación existente, añadiendo lo que, a su parecer, le hace falta.
  • Finalmente, busca simbolizar su entendimiento de la naturaleza (incluyéndose a sí mismo). La simbolización implica que un significado experimentado es “traducido” a otro medio. Una característica natural, por ejemplo, es traducida a una edificación cuyas propiedades, de alguna manera, ponen de manifiesto dicha característica. El propósito de la simbolización es liberar el significado de la situación inmediata, con lo cual se producen “objetos culturales”.

Estas tres relaciones implican que las personas acumulan los significados experimentados para crearse una IMAGEN de MUNDO (imago mundi),o microcosmos, que concretiza su mundo. Visualización, complementación y simbolización son facetas de los procesos generales de asentamiento; y el “morar”, en el sentido existencial de la palabra, depende de estas funciones.


El Asentamiento La Carpio

Dentro de este marco, remitiéndose a los orígenes de La Carpio, y a la manera en que, en un período corto e intenso fue creciendo hasta llegar a ser lo que hoy es, se puede encontrar que la “visualización” de este lugar comienza por el reconocimiento, por parte de las primeras familias que se asientan en el año 1993, de un espacio “vacío”, marcado topográficamente por pendientes moderadas que encuentran una depresión dramática en los cañones de los ríos. Esto lo vuelve inaccesible desde las áreas urbanas al Norte y al Sur.

Por ende, dichas riberas representan, desde un inicio, un factor de seguridad. Por un lado, los separa y protege de poblaciones en el área de Rincón Grande de Pavas que podrían ser hostiles a nuevos residentes que vienen de zonas lejanas. Y por otro, puede suponer una garantía de indiferencia de los residentes de Belén y Cariari, que sin la infranqueable barrera del Virilla serían un obstáculo certero al desarrollo de una comunidad informal en su vecindad.

La finca de la CCSS es una especie de promontorio. Un lugar que hubiera escogido cualquier conde o rey medieval para erigir su castillo. Un solo acceso directo, fácilmente clausurable y visible. Ninguna actividad de intensidad urbana en su colindancia que pueda significar la incomodidad de habitantes arraigados reclamando la invasión de sus “patios” traseros o “antejardines”. Tan solo el paso de camiones de carga y líneas de alta tensión que buscan un tajo y una planta hidroeléctrica al otro extremo, en donde convergen los dos ríos en un cul de sac que es 'tierra fantasma'.

La isla está “lista” para ser colonizada. Como toda isla, sus límites son claros, casi precisos. El “puente de piedra" que marca el acceso y conexión a la metrópolis define un frente y la calle de paso que marca el lomo de su morfología ofrece un eje y un borde, referidos además por las altas torres eléctricas. La senda, entonces, está determinada, y esta regirá la organización del conglomerado. Desde allí, una retícula ortogonal fragmentará en “propiedades” el terreno, hasta flexionarse y abrirse en donde los pliegues del suelo rechazan ese “orden” elemental y básico. El punto más alto del terreno, cercano a la senda y al frente, evoca una centralidad. Allí son levantados los primeros tabiques y latas de zinc, que dan origen al enclave.

A este punto, se ha alcanzado seguridad, accesibilidad y orientación. Al paisaje expuesto y abierto ha sido opuesto un trazado urbano que, conforme crece en edificaciones, va “cerrando” el espacio por niveles, otorgando una cada vez mayor sensación de protección y compañía, generando a su vez convivencia, cooperación, comunidad e identidad en la aglomeración, que ofrece soporte existencial ante un entorno que les era hostil, desprotegido e incierto. Cada vez  más familias encuentran un lugar en el mundo, una morada en donde residir, al menos temporalmente. Ahora son “carpianos y carpianas”.

Asentada la comunidad y en proceso de crecimiento, el lugar es “conquistado” con mayor intrepidez y pertenencia. Los sitios antes inalcanzables se vuelven accesibles y hasta van siendo re-parcelados y habitados. Las primeras obras son complementadas con servicios básicos que pretenden marcar el paso de la supervivencia a la habitabilidad elemental. La comunicación y convivencia van dejando atrás sus tintes de urgencia y adquieren matices más complejos. Pronto, es necesario identificar avenidas, calles, alamedas, cuadras, esquinas, paradas de buses, barrios… sectores. Porque ya no es más un ir y venir de adentro hacia afuera, o viceversa; ahora, adentro mismo, hay  “aquí” y “allí”, hay escalas y niveles, hay ámbitos y transiciones. Desde éstos, y desde la identificación social, la procedencia, la antigüedad y el dibujo urbanístico del poblado se constituye una sectorización con la que se busca terminar de construir esas identidades, la gestión y administración del espacio y la morada de las personas en La Carpio.

Pero esa “morada” nunca termina de construirse. Se sigue transformando conforme pasa el tiempo y van apareciendo nuevos elementos que conforman su paisaje cultural. La simbolización empieza a llevar al asentamiento hacia una nueva etapa, en donde la acumulación de experiencias estimula a los y las habitantes locales a otorgar mayor significado a su microcosmos. Murales, colores, gestos, detalles, templos, espacios de encuentro, etc., van configurando un imago mundi que, puede considerarse, poco tiene que ver con el estado material actual de sus construcciones, puesto que este último, indefectiblemente, ha sido y seguirá siendo transformado con el paso del tiempo. Y al ser una imagen asociada al espíritu del lugar (genius loci) y de su gente, continuará siendo peculiar y única.


Consideraciones generales para el diseño del lugar

De esta manera, puede decirse que no existen diferentes tipos de arquitectura en La Carpio o para ésta, sino diferentes situaciones que requieren soluciones distintas para satisfacer las necesidades físicas y psíquicas de sus habitantes. Porque el propósito existencial de la arquitectura es transformar un sitio en un lugar, develando los significados potencialmente presentes en el ambiente dado.

Construir ciudades y edificaciones prácticas no es suficiente. La arquitectura nace realmente cuando logra “visibilizar un ambiente de manera integral” (Susanne Langer). Pertenecer a un lugar significa tener un punto de apoyo existencial, en un sentido cotidianamente concreto. “Cuando Dios le dijo a Adán: “serás un fugitivo divagando en la Tierra”; puso al hombre frente a su más básico problema: cruzar el umbral y volver a recuperar el lugar perdido”. C.Norberg-Schultz.

Tomado de: Plan Maestro Integral para La Carpio. Manuel Morales Pérez y FUPROVI.


EL PAISAJE URBANO

Seguidamente, a manera de ejemplo, se presenta una interpretación de diversas categorías del paisaje urbano local, según conceptos propuestos por  el autor Gordon Cullen. La zona urbana  analizada corresponde  a los sectores de La Carpio en donde se desarrolló la propuesta para el segmento norte de un nuevo anillo de circulación peatonal, el tramo de la calle central que  lo conecta con el acceso y el área del Puente Piedra (no visible en el mapa). Esta propuesta y sus componentes corresponden al proyecto: Plan Maestro para el Mejoramiento Integral de La Carpio, coordinado por Manuel Morales Pérez para la Fundación Promotora de Vivienda (FUPROVI).

Aparecen marcados los bloques de fachada urbana que inciden directamente sobre  estos ejes, aunque, evidentemente, se analiza un ámbito mucho mayor , con el fin de  visualizar integralmente las distintas relaciones y asociaciones visuales, formales y perceptuales que se generan en estos tramos con respecto a la totalidad del asentamiento y su contexto  natural y urbano.

“Una ciudad es algo más que una suma estadística de sus habitantes. Una ciudad tiene el poder de generar un excedente de amenidad que constituye una de las varias razones que hacen que la gente prefiera vivir en comunidad a hacerlo en el aislamiento”.

Gordon Cullen

Tomado de: Plan Maestro Integral para La Carpio. Manuel Morales Pérez y FUPROVI.

EL CONTEXO URBANO

En el conjunto de las edificaciones se hallan presentes varios elementos cuya realidad es prácticamente distinta de los de la arquitectura e imposibles de encontrar en un edificio aislado. Existe un arte de la relación, del mismo modo que existe un arte de la arquitectura. Su finalidad consiste en estudiar los elementos que constituyen el conjunto y ensamblarlos, entretejerlos de forma tal que desencadene el drama. Para una ciudad, su ambiente, sus circunstancias, constituyen un auténtico acontecimiento dramático.

En el planeamiento y diseño, lo importante no es establecer normas absolutas sobre el aspecto y configuración de la ciudad o de sus alrededores, sino algo mucho más modesto: de lo que se trata es, simplemente, de manipular dentro de ciertas tolerancias.

Tomado de: Plan Maestro Integral para La Carpio. Manuel Morales Pérez y FUPROVI.

TRANSICIÓN Y LLEGADA

Antes de la llegada al "puente de piedra", desde la zona de La Uruca, la vía de acceso se flexiona en dos curvas, pasa entre talleres y tapias para abrirse, posteriormente, a la amplitud escénica que ofrece el “puente”. Antes de acceder a este, la superficie desciende, con lo que se exacerba aún más el efecto visual y se marca fuertemente el paso y transición  al mismo. De igual manera, al otro extremo del segmento, en el punto de ingreso a La Carpio, este vuelve a subir, señalando el final del puente y un cambio de nivel que, desde el puente, produce una sensación de ascenso a algo desconocido y, desde el asentamiento, exteriorización y vértigo.

La referencia física y perceptual que marcan estos cambios de nivel puede ser aprovechada potenciándolos como pasos o transiciones entre diferentes zonas. Es evidente el efecto de “isla urbana ” que adquiere La Carpio a raíz de éstos y de sus marcados bordes topográficos. Los “límites” del asentamiento son claros y drásticos; al impedirle conurbarse directamente con otras áreas definen claramente una unidad social, económica, física y cultural. El adentro y el afuera de La Carpio se destacan de manera drástica, y la transición ofrece un potencial que merece ser aprovechado.

Una calle larga y recta produce, por lo general, poco impacto, porque la visión inicial es asimilada rápidamente y se hace monótona, con lo que el espacio pasa por delante de nuestros ojos sin adquirir rasgos característicos, como inerte. En la calle larga y recta del "puente de piedra", sin embargo, la vista se abre a los costados en perspectivas panorámicas llenas de diferencias. De esta manera, los cuadros de la calle y los espacios abiertos a sus costados se hacen presentes simultáneamente en la mente del observador, con lo que se produce un vívido contraste y la ciudad se aparece visible al fondo en un sentido más profundo y amplio; adquiere vida por medio del drama de la yuxtaposición.

  • El precipicio

Al estar bordeados por precipicios, tanto el puente de acceso como el asentamiento generan un extraordinario y vívido sentido de posición. El acto de acceder a La Carpio, o salir de allí, se vuelve más dramático y consciente. Las “fronteras” física enfatizan aún más las fronteras socioculturales. Con ello, sin embargo, ofrecen la posibilidad de visibilizar aún más cualquier cambio y gesto que se desarrolle para el mejoramiento del paisaje urbano local.

LUGAR Y POSESIÓN

  • Territorio Ocupado

Sombra, cobijo, amenidad y conveniencia. Distintos “accesorios de posesión” destacan estos lugares, proporcionando humanidad e intimidad: postes, cambios de enlosado o superficie, aleros, enclaves, puntos focales y cerrados, …

  • Viscosidad

El recorrido está lleno de viscosidades, en donde hay mezcla de posesión estática y en movimiento, es decir, grupos de personas conversando, comercios en planta baja, gente comprando en chinamos, el espacio que queda dentro del pórtico, etc.

ENCLAVES

En  comunicación directa con la corriente direccional principal, y como remansos que amortiguan el eco de las pisadas y la luz, aparecen ciertos enclaves, como habitaciones en el exterior. No obstante, es evidente la necesidad de facilitar o incorporar espacios tipo plazoleta accesibles en el recorrido, especialmente en el segmento central de acceso, que permitan a la gente permanecer alejada de la baraúnda del tráfico y les dé la ventaja de dominar la escena desde una posición de seguridad y fuerza.

Algunos accesos a callejones en el lado Norte, por ejemplo, podrían ser aprovechados como anexos o ampliaciones a la vía, generando enclaves en algunos tramos del recorrido.

  • Estancias Exteriores

El exterior no debe consistir en un simple despliegue individual de obras arquitectónicas, sino en un ambiente completo, total, destinado a ser disfrutado por el ser humano. El drama debe producirse en todos los puntos de su alrededor, en el suelo que pisa, en el cielo, en los edificios, en los árboles y los niveles, y esto se consigue por medio del arte de la composición (tomado de: “El paisaje Urbano”, Gordon Cullen).

  • Habitaciones exteriores rodeadas de edificios

Un espacio exterior rodeado de edificaciones inculca en las personas un fuerte sentido de posesión e identidad con lo que les rodea. Esto, siempre y cuando el espacio permita la estancia y un intenso aprovechamiento por parte de la gente. Pese a que en la actualidad es una calle vehicular pavimentada y por la cual los vehículos suelen transitar en ocasiones a altas velocidades, al peatonizar  esta vía, se está celebrando y consolidando su escala humana y su carácter de espacio para la gente, con intensa actividad comercial y de servicios de pequeña escala y una sobresaliente cantidad de transeúntes e interacciones.

  • Espacios definidores

A veces algo muy frágil puede proporcionar una adecuada sensación de recinto o de espacio: un alambre tendido de pared a pared y un trozo de tela colgado de él, el recinto que se forma entre árboles, etc.

PUNTOS FOCALES

“Como un artefacto de la posesión, el símbolo vertical de congregación, confirma que “aquí es el lugar”, “detente y mira: aquí es”…” G. Cullen

Edificaciones en dos niveles, de dimensiones mayores al promedio o destinadas a servicios sociales o alguna actividad llamativa, son puntos focales comunes en La Carpio. Otros son algunos comercios con señas, decoración o colores llamativos, rótulos particulares o diferentes y murales en esquinas. Sin embargo, aparecen múltiples puntos focales de poco o ningún valor urbano o cultural, como torres de alta tensión, que compiten con aquellos que sí lo tienen. Éste es un aspecto que debe ser revisado y contrarrestado de alguna forma, para ir saneando el léxico urbano y darle jerarquía a lo que realmente la merece.


AQUÍ Y ALLÍ

Estos términos se refieren a la interacción entre un aquí conocido y un también conocido allí. En este recorrido, como en toda La Carpio, este es un aspecto fundamental, que ocurre en diversos niveles y escalas. La visión y la posesión se abren en mayor o menor medida al andar por las largas calles longitudinales e ir descubriendo los callejones transversales que aparecen con frecuencia por los costados.

La noción del “aquí” y el “allí” es constante y permanente, y adquiere una connotación aún más fuerte por las perspectivas que se liberan de los bordes inmediatos y se fugan hacia contextos más allá de La Carpio: los cerros de Escazú; el lujo residencial de Guachipelín en contrapunto con el mar de zinc de Rincón Grande; la vegetación en el verde cañón del Río Virilla; los abismos al costado del "puente de piedra";… El juego de fugas visuales cortas, medianas y largas que presenta el recorrido puede aprovecharse para enriquecer la experiencia del recorrido y de la posesión.

“La cualidad de allí es lírica, en el sentido de que se halla perpetuamente fuera de nuestro alcance, en el que siempre es allí…” G. Cullen

CAMBIOS DE NIVEL

Los cambios de nivel más notables en el recorrido se dan el sector de ingreso a La Carpio, en la alameda peatonal que conecta la calle central con la norte, en un tramo antes de pasar de Roble Norte a Central, en el cruce a la altura del Anexo de la Escuela y en los bordes del cañón del Virilla que se asoman desde las calles transversales del lado Norte.

Aparte de éstos, en varios tramos al lado Sur del recorrido la fachada urbana es encuentra “hundida” a desnivel de la avenida, lo que produce en algunas casas un efecto de mayor intimidad y encierro con respecto al espacio exterior, a diferencia de las que quedan más elevadas, que se sienten más expuestas. Los cambios de nivel ayudan a crear transiciones, cambios de ritmo y efectos dramáticos en el trayecto.

SILUETAS / Vista Grandiosas / Obras de Malla / Vistas Tamizadas

La silueta urbana va captando el cielo entre sus redes y formas. En contraposición a las montañas remotas, el efecto se hace más fuerte, y con las vistas grandiosas que aparecen en diferentes puntos del recorrido, atrapan también el panorama lejano, ampliando el contexto y el ámbito percibido.

Todo esto enriquece significativamente la experiencia, que puede realzarse aún más mediante los efectos que provocan la vista tamizada y la obra de malla. La vista tamizada incrementa la sensación del “aquí” a través de la presencia de alguna especie de cortina (follaje, por ejemplo), al hacer más remoto el mundo que hay más allá de ella.

La obra de malla, por el contrario, “sirve para unir lo cercano con lo remoto. El recurso del entramado acerca la distante escena al ambiente que hay a nuestro alrededor al particularizar, al hacernos ver el detalle a su través, al atraer dicho detalle a nuestra atención. Sus aplicaciones prácticas resultan obvias, al poder acercar la lejanía o el panorama a la vida, al poder seleccionar o rechazar un propósito.”  El paisaje circundante de La Carpio ofrece múltiples recursos para ello.


(Imagen de portada: Isaac Martínez, para Manuel Morales Pérez y FUPROVI)