Guías Ambientales: Instrumentos de Gestión Ambiental para Costa Rica


Por: Manuel Morales A.

Resumen:

En el marco del proyecto denominado “Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) en Centroamérica: una Herramienta para el Desarrollo Sostenible”, bajo responsabilidad de la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), y ejecutado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) con el apoyo de la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional (ASDI), se sugirió  promover instrumentos de evaluación ambiental más simplificados para proyectos relacionados con el sector de la construcción, en los que pudiera jugar un rol importante la autogestión responsable por parte de los desarrolladores y las entidades ecargadas del control pudieran dar un seguimiento práctico de las medidas establecidas. Una herramienta que presentara, en forma concisa y clara, una descripción de las acciones involucradas en las diferentes fases del proyecto, sus posibles impactos ambientales y sociales y medidas por seguir, como medio para agilizar significativamente el proceso general de EIA. Esto, por su potencial de ayudar a reducir procesos burocráticos, liberar personal para hacer control de campo y centrar la atención en los resultados reales sobre el Medio Ambiente, más que en la tramitología. De igual manera, para involucrar y concienciar más activamente al particular o desarrollador en la gestión ambiental de proyectos de moderado impacto, que representan hasta un 80% de las entradas que agobian y congestionan el sistema administrativo.

Como parte de esta iniciativa, la UICN–Oficina Regional para Mesoamérica encargó la elaboración de tres guías ambientales para Costa Rica, con el objetivo de asesorar al sector de la construcción en general en el desarrollo de prácticas ambientalmente sostenibles relacionadas con los procesos de: Minería No Metálica, Manejo de Residuos y Escombros de la Construcción y Manejo del Paisaje. Se presenta aquí un resumen de los contenidos, estructura y aplicabilidad de estas guías, cuya trascendencia radica en su accesibilidad conceptual y práctica como instrumentos de carácter técnico.


Introducción

La Constitución Política de Costa Rica establece, en su artículo 50, que “toda persona tiene derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado” y que “el Estado garantizará, defenderá y preservará ese derecho.” En concordancia con estos enunciados, las actividades y procesos relacionados con el sector de la construcción en el país, entre muchos otros sectores, están inscritos dentro de un marco político-institucional y legal que determina sus orientaciones y restricciones mediante leyes, códigos, reglamentos y/o decretos. No obstante, es de todas y todos conocido que, en la práctica, la experiencia y el diario quehacer de todas las partes de la sociedad y las instituciones involucradas en la generación de insumos y el desarrollo de la infraestructura construida, no alcanza ni siquiera una abundante y en ocasiones hasta excesiva batería de normas, trámites y directrices para ejercer adecuados controles y manejo de  los efectos negativos que sus acciones pueden ejercer sobre el Medio Ambiente.

En medio de la dramática realidad ecológica que enfrentamos podemos ser testigos frecuentemente de evidencias reveladoras -de todo tipo y escala- de proyectos ejecutados sin mayores consideraciones a los criterios que rigen o deben guiar una ética de preservación y gestión de los recursos naturales, con el fin de asegurar una mayor sostenibilidad medioambiental, social y económica de nuestros entornos. Ello se debe, en gran medida, a la débil conciencia y estrechez de miras de muchas de las partes involucradas o asociadas a la dinámica económica, institucional, profesional y laboral del sector, pero en mucho también a la ineficacia, desfase y obsolescencia técnica en que, con frecuencia, terminan cayendo numerosas normas, debido al paso del tiempo y al ritmo impredecible y vertiginoso con que suele avanzar dicho sector. Esto provoca que, en el hecho, se generen en las reglamentaciones vacíos conceptuales que dificultan o, simplemente, diluyen la comprensión o la ejecución práctica y real de los criterios establecidos. En otros casos, se carece de claridad acerca de los objetivos y fundamentos que han dado origen a las normas y al espíritu con que éstas fueron concebidas. Por ello, su aplicación metódica y burocrática termina muchas veces por convertirse en un fastidio inexplicable tanto para los desarrolladores como para las entidades encargadas de velar por su cumplimiento, cuyos recursos y capacidad de gestión suelen ser ya de por sí muy limitados para cumplir esa misión a cabalidad.

En vista de la situación, y de que la Contraloría General de la República, en un estudio realizado en el año 2008 de fiscalización sobre la evaluación de impacto ambiental concluyera que “…esa entidad (MINAE) no está siendo eficiente y efectiva en la gestión que realiza en los procesos de evaluación ambiental preliminar, monitoreo y seguimiento, por cuanto está distrayendo sus recursos en la valoración de muchos proyectos con escaso impacto ambiental”, se emitió un decreto en Junio de ese mismo año (Decreto Ejecutivo No. 34522-MINAE) que estableció un “Reglamento para la Elaboración, Revisión y Oficialización de las Guías Ambientales de Buenas Prácticas Productivas y Desempeño Ecoeficiente”. En éste se planteaba como propósito fundamental de las guías ambientales: “el servir como instrumento de educación y orientación de buenas prácticas ambientales para la planificación, diseño, construcción y operación de un proyecto, obra o actividad perteneciente a un sector productivo dado, de forma tal que le sirva de herramienta técnica para su gestión ambiental a fin de lograr diseños que sean armónicos con el medio ambiente” (Artículo 1). Entre otras consideraciones, se valoró para esa finalidad la necesidad de unificar criterios y procedimientos en procura de objetividad y certeza en las acciones por aplicar, así como disponer de instrumentos de orientación ambiental que faciliten la toma de decisiones desde la etapa inicial de concepción y planeamiento de los proyectos, pasando por el diseño y construcción hasta la operación de los mismos. En síntesis, se planteaba que el desarrollo de las guías ayudara a “orientar a todos los ámbitos de la sociedad acerca de acciones ambientales que promuevan la ecoeficiencia, la protección del ambiente, el desarrollo sostenible, el ahorro energético, la responsabilidad social y las acciones pertinentes para controlar y mitigar la producción de emisiones que inducen el cambio climático, el calentamiento global, así como el deterioro del ambiente en general” (Considerando No.9).

Otro de los propósitos que inspiró el decreto fue el de facilitar la oficialización en el país de una guía ambiental existente a nivel centroamericano para el sector construcción, específicamente la “Guía de Infraestructura: Instrumento de Gestión Ambiental”, elaborada en 2008 en el marco del proyecto denominado “Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) en Centroamérica: una Herramienta para el Desarrollo Sostenible”, bajo responsabilidad de la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), ejecutado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) con el apoyo de la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional (ASDI). En esta instancia se sugirió, para proyectos que generan impactos catalogados como moderados y bajos,  promover el uso de instrumentos de evaluación ambiental más simplificados, en los que pudiera jugar un rol importante la autogestión responsable por parte del desarrollador y darse un seguimiento práctico de las medidas establecidas. Una herramienta que presentara, en forma concisa y clara, una descripción de las acciones involucradas en el proyecto, sus posibles impactos ambientales y sociales y medidas por seguir, como un medio que pudiera agilizar significativamente el proceso general de EIA. Esto, por su potencial de ayudar a reducir procesos burocráticos, liberar personal para hacer control de campo y centrar la atención en los resultados reales sobre el Medio Ambiente, más que en la tramitología. De igual manera, para involucrar y concienciar más activamente al particular o desarrollador en la gestión ambiental de proyectos de moderado impacto, que representan hasta un 80% de las entradas que agobian y congestionan el sistema administrativo.

A raíz de esto participamos en el 2009, en conjunto con el Arq. Mario Villalta Flórez-Estrada, en representación de la UICN, en un proceso de integración de la mencionada guía de infraestructura a un nuevo Código de Construcción que al momento estaba siendo elaborado por una comisión en el Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos de Costa Rica (CFIA). Para ello, fueron sometidos a revisión tanto la normativa existente en los reglamentos como los procesos, objetivos y acciones recomendados en la guía, a efectos de promover la creación de un capítulo ambiental dentro del nuevo código. Se propuso que dicho capítulo se basase en las premisas, conceptos y lineamientos que la guía establecía y que, con el fin de garantizar la actualidad y sensatez de las medidas reproducidas, se procurase crear una comisión interdisciplinaria de revisión permanente que diera mantenimiento, ajustes y mejora sostenida a los contenidos de esta sección.


 Construcción en el centro de San José (imagen: Manuel Morales)


Elaboración de Guías Ambientales para Costa Rica

Paralelamente, en el marco de una iniciativa suscrita en Agosto de 2008 por la UICN–Oficina Regional para Mesoamérica, se elaboraron tres guías ambientales para Costa Rica, con el objetivo de asesorar al sector de la construcción en general en el desarrollo de prácticas ambientalmente sostenibles y de los beneficios sociales que esto conlleva. Los procesos tratados en estas guías[1] corresponden a:

  • Minería No Metálica (extracción de material de arrastre, canteras y tajos).
  • Manejo de Residuos y Escombros de la Construcción.
  • Manejo del Paisaje.

Estos tres temas se refieren a proyectos relacionados con el sector de la construcción o actividades subsidiarias al mismo, de manera que las guías desarrolladas sirven como complemento activo de la Guía de Infraestructura, profundizando y haciendo énfasis en estos aspectos en particular, que suelen desencadenar una suma de impactos relevantes sobre diversos factores ambientales y sociales.

Minería No Metálica. En la guía para el sector de la Minería No Metálica

[2], se abordan los procesos y actividades de extracción de insumos de origen mineral que son utilizados como materias primas y acabados para la construcción. Entre éstos se encuentran arena, grava, caliza y materias primas para la fabricación de cemento, feldespato, yeso y otros minerales pesados y voluminosos cuya extracción, transporte y procesamiento requiere de costosas maquinarias, campamentos de trabajo y un gran gasto energético. Su obtención suele darse en canteras fluviales o en forma de tajo, en donde se excavan y remueven los suelos, formaciones superficiales y capas de vegetación y sustrato rocoso, lo que al cabo de cierto tiempo genera depresiones artificiales que tienen efectos importantes en los ecosistemas locales.

Teniendo en cuenta que las zonas urbanas, con sus estructuras, pavimentos, rellenos y demás intervenciones, están edificadas sobre la base de millones de toneladas de materiales de origen geológico, que es un recurso finito y no renovable, resulta fácil percatarse de la envergadura y trascendencia de esta industria. Esta representa un sector sumamente importante en la provisión de materias primas para el desarrollo económico, y ante el creciente patrón de demanda que el desarrollo inmobiliario originó (previo a la crisis financiera) se volvió más necesaria que nunca la promoción de una línea ascendente en la aplicación de criterios ligados al desarrollo sustentable en las diferentes etapas de estas explotaciones geológicas. Especialmente, considerando que, por mejor gestionadas que puedan estar, sus acciones suelen tener la reputación de ser medioambientalmente agresivas. Si no son manejados en forma apropiada, los tajos pueden provocar problemas serios mientras están en operación, deformando el flujo subterráneo, contaminando acuíferos, secando pozos, afectando la dinámica hidrogeológica y generando contaminación a partir de materiales disueltos o en suspensión, ruido y perjuicios al paisaje, entre otros. Aunado a ello, la situación se puede tornar aún más crítica cuando son abandonados sin un adecuado cierre que incluya su restauración y rehabilitación para otros usos o fines, debido a los riesgos ambientales, sociales y de sanidad que puede ocasionar la presencia de cavidades mal diseñadas. En algunas ocasiones incluso, cuando son dejados como terrenos ociosos o baldíos, terminan siendo zonas vulnerables, objeto de invasiones o destino de botaderos de basura, debido a lo cual difícilmente recuperan su valor.

La industria se encuentra regulada actualmente por el Código de Minería (Ley No. 6797, del 4 de Octubre de 1984), pero siempre es necesario implementar medidas y alternativas adicionales, en vista de que gran parte de ésta se lleva a cabo en el país de manera muy artesanal e, incluso, al margen de las concesiones y permisos que otorga el MINAE. La extracción mineral es un aprovechamiento pasajero del suelo que, una vez culminado, requiere de un proceso de rehabilitación que retorne el terreno a una condición apropiada y estable para su uso posterior, sea éste de conservación o de algún otro beneficio comunitario. La guía busca garantizar que estas explotaciones, tanto a nivel periurbano como rural, se lleven a cabo en un marco que promueva una ética de protección al Medio Ambiente y los ecosistemas locales, aplicando acciones efectivas y al alcance de los interesados para la prevención, mitigación y/o prevención de sus impactos.


Explotación de áridos. Cantera operando en Costa Rica

(imagen tomada del portal CRHOY: www.crhoy.com)

Manejo de Residuos y Escombros de la Construcción[3]Los escombros generados en las construcciones se constituyen principalmente de desechos de concreto, asfalto, bloques, arenas, gravas, ladrillo, tierra y barro, representando todos éstos hasta un 50% o más de los mismos. Otro 20% a 30% suele ser madera y productos afines, como formaletas, marcos y tablas, y el restante 20% a 30% desperdicios misceláneos, como metales, vidrios, asbestos, materiales de aislamiento, tuberías, aluminio y partes eléctricas. Aunque, en la actualidad, lo que se recupera de éstos es un porcentaje sumamente bajo, se sigue a la espera de que las políticas ambientales del país, de los gobiernos locales y el aporte de instrumentos como estas guías arrojen en el corto y mediano plazo mejores resultados en la reducción, reciclaje y reutilización de los desechos, con lo que se minimizaría, a su vez, el problema de su disposición final. 

Es menester, además de ello, que los desarrolladores y la sociedad en general emprendan mayores esfuerzos y creatividad en el procesamiento de los escombros y en un manejo más adecuado de los materiales, de manera que se reduzcan al máximo posible los sobrantes. Esto, a su vez, redundará en una significativa reducción de costos y mantenimiento general de las obras y de impactos a los ambientes urbanos en que vivimos.

Desde la etapa de planificación de una obra, debe considerarse la gestión y los costos para un manejo apropiado de estériles y escombros, teniendo en cuenta los conceptos de localización, diseño, construcción, adecuación de sitios de disposición temporal y final. La generación de estos residuos suele darse en las actividades de descapotes, excavaciones, explanaciones, demoliciones, levantamiento de estructuras y obra negra, instalaciones, obra gris, acabados, limpieza en áreas de trabajo y almacenamiento que conforman el proceso constructivo. Sin embargo, su gestión no termina allí. En su salida y transporte hacia los destinos de disposición final, es necesario verificar el tipo y estado de las maquinarias y vehículos a utilizar, así como la posibilidad de rescatar residuos valorizables. Para la eliminación de los no aprovechables o inertes, existen también criterios y medidas para una selección oportuna de las escombreras, ya que éstas tienen asimismo pautas y lineamientos básicos de diseño, ejecución y manejo ambiental. Por lo general, pueden localizarse en áreas cuyo paisaje se encuentra ya degradado, tales como minas y canteras abandonadas.

La importancia de una guía para este tema radica en el hecho de que está estimado que en Costa Rica se producen alrededor de 1800 toneladas diarias de residuos y escombros de construcción, de los cuales un alto porcentaje es potencialmente reciclable. El mal manejo de estos desechos suele generar botaderos clandestinos, que provocan no solo obstrucciones en ríos, terrenos y vías públicas, sino, además, riesgos directos e indirectos sobre la salud humana y elevados costos de mantenimiento y restauración ambiental que impactan fuertemente las economías locales y nacional.

   

Fotografía de escombros de construcción lanzados a orillas del Río Torres (imagen: Manuel Morales A.)


Manejo del Paisaje[4]El manejo del paisaje, como ámbito de acción previo, durante y/o posterior a las actividades constructivas o de extracción, no consiste solamente (como erróneamente suele creerse) en generar espacios amenos y estéticos, sino también en cubrir o revertir una serie de carencias o afectaciones ambientales.

La UNESCO, a través del programa “El Hombre y la Biosfera”[5], ha estudiado este tema ampliamente y le ha otorgado una gran relevancia, considerando que este campo de acción se dedica a aspectos ecológicos de los sistemas y ambientes urbanos. Entre éstos, los espacios verdes conforman un componente fundamental del equilibrio ecológico de una ciudad, generando una aportación de biomasa en ecosistemas integrados por el suelo, el recurso hídrico, la flora y la fauna. Factores éstos que, cuando se encuentran en equilibrio, mejoran las condiciones generales de la urbe, aportando oxígeno, fijación de dióxido de carbono, reducción de contaminación atmosférica y de temperaturas extremas, amortiguamiento del ruido, estabilidad del suelo y mitigación de vulnerabilidades. Asimismo, ventajas como el control de plagas, efectos antibióticos y comunidades psicológicamente más sanas y estables.

Para un manejo adecuado del paisaje se debe tomar en cuenta variables fundamentales como la cantidad y calidad del agua disponible, características del suelo, condiciones climatológicas, densidad y condiciones de uso, capacidad de carga y relación de la flora y fauna existente con la que se vaya a incorporar. El conocimiento de estos elementos favorece significativamente la rentabilidad en tiempo y recursos, desde los puntos de vista ecológico y económico. Igualmente, como en los otros procesos, la guía para este tema establece medidas y recomendaciones asociadas a las distintas etapas que conlleva, como la planificación, análisis del sitio, análisis del uso, desarrollo del plan de sitio, diseño, preparación del terreno y mantenimiento.

La gestión ambiental del paisaje es un campo poco conocido y diagnosticado en Costa Rica. Dadas su estrecha ilación y correspondencia con las actividades constructivas, minera e, incluso, de manejo de desechos y escombros, son indudables la pertinencia, propósito y aplicabilidad de esta guía, a pesar de que el paisaje es un factor que aparece referido en las demás.


Imagen de construcciones ejerciendo una fuerte presión ambiental. 

En la perspectiva: La Carpio, Pavas y cerros de Escazú.

(Imagen: Manuel Morales A.)

   

Diseño y desarrollo de las Guías Ambientales

Para el proceso de elaboración de las guías se conformaron equipos técnicos de trabajo, en los que participaaron actores y actoras de diversas ramas involucradas con el sector de la construcción y de la gestión ambiental. A partir de la experiencia, del aporte de fuentes variadas, de casos exitosos y lecciones aprendidas, se buscó brindar sostenibilidad conceptual y práctica al instrumento. Su producción consistió, básicamente, en el desarrollo de varios componentes y etapas para la retroalimentación, revisión y ajuste de las partes.

Fundamentalmente, se trató de una primera fase de revisión exhaustiva, consultas e investigación documental, bibliográfica, digital y de campo acerca del sector y temas tratados. Posteriormente, se consolidó una síntesis teórico-conceptual para cada sector o tema, en coherencia con la realidad de las prácticas a nivel nacional, y se llevó a cabo un estudio del marco normativo vigente y pertinente, considerando que parte de la validez de este instrumento está sujeta a su concordancia con las leyes del país. Ya en las guías propiamente, para la evaluación de los impactos ambientales que las actividades del sector pueden potencialmente generar, se aplicaron metodologías de evaluación vigentes y válidas también, que respaldan y fundamentan las acciones y medidas recomendadas en las mismas. Finalmente, se elaboran Fichas de Manejo Ambiental, que son, a fin de cuentas, el producto clave para la puesta en práctica de la guía.

El marco jurídico-legal que atañe al sector o tema tratado en cada guía incluye referencias a leyes, decretos y reglamentos, tratados internacionales ratificados, votos de la Sala Constitucional, normas y estándares aplicables, así como requisitos y procesos de carácter técnico o administrativo.

En la descripción de las fases y actividades, como componente teórico de la guía, se evalúan los procesos para determinar los principales aspectos que deben ser tenidos en cuenta. Se establece con ello, también, un diagnóstico del estado actual del sector en el país, con una mirada al panorama futuro de los proyectos de desarrollo, en el marco de su organización institucional y planes a corto y mediano plazos. Asimismo, cuando es pertinente, su correlación con las características ambientales y sociales de las regiones en que se localizan los principales programas.

La determinación de factores ambientales afectados y la evaluación de los impactos se realiza para verificar la importancia y categoría de los mismos. Esto arroja los criterios para la propuesta de un Plan de Gestión Ambiental (PGA) asociado a las actividades del sector, y que a su vez es el insumo principal que proporciona el contenido de las fichas de manejo. Cada ficha es una pieza técnica resumida que permite establecer una secuencia en la que se describe la actividad a desarrollar, se identifican sus posibles efectos ambientales y se plantean medidas o acciones a ejecutar para minimizar los impactos negativos sobre el medio ambiente. Complementariamente, se describen formas de aplicación técnica para las mismas y métodos o indicadores de seguimiento y evaluación. Cada guía incluye, además, una matriz en donde se cruzan las fichas elaboradas con los impactos ambientales identificados, de manera que se puede determinar cuáles de esos impactos se manejan aplicando una ficha determinada o, en su defecto, cuáles fichas están relacionadas con el manejo de un impacto o factor ambiental determinado.

Formato de la Ficha de Manejo Ambiental:



Conclusiones

El enfoque prioritario de las guías es la forma práctica, comprensible y estratégica en que se plantean los objetivos y acciones recomendadas, que están orientados al alcance de resultados efectivos en la aplicación de medidas apropiadas para el manejo y gestión de los impactos ambientales potenciales que ejercen los procesos relacionados con la construcción. Para ello, se han cotejado bien los contenidos y se ha evitado incorporar un exceso de rigurosidad técnica que pueda restarle viabilidad funcional a las fichas de manejo.

Se ha visto que este tipo de guías fomentan y proyectan la búsqueda de soluciones, técnicas y/o métodos más aptos que los convencionales, como estímulo a la innovación local, artesanal o industrial, con lo que se busca mejorar el desempeño ambiental del sector y su responsabilidad para con las comunidades. En síntesis, son instrumentos que contribuyen, en forma práctica y positiva, a los procesos implicados, siendo a su vez un complemento metodológico y dinámico de las EIA.

La trascendencia y repercusión de este tipo de instrumentos de aplicación teórica y práctica está en su efectividad, claridad y proximidad conceptual y de propósito, que los pone más al alcance de todos los sectores y ámbitos de la sociedad en general. Así mismo, en concienciar a las personas, entidades y empresas involucradas, y en estimular una voluntad real para su utilización.

Todos y todas somos parte involucrada y responsable de la preservación y cuido del contexto y Medio Ambiente en que vivimos y nos desenvolvemos cotidianamente. Todos y todas hacemos usufructo del entorno construido y, tarde o temprano, a la mayoría nos toca ser agentes, promotores/as, gestores/as, diseñadores/as y/o desarrolladores de obras de infraestructura. Por ello, no debemos eludir el compromiso y el deber que nos corresponde sobre la toma de conciencia, el conocimiento y la puesta en práctica de medidas y acciones para una gestión ambientalmente más adecuada y sensible de todo el abanico de fases y actividades que conllevan los procesos constructivos. Esto es, abarcando desde la extracción de materiales del suelo y el subsuelo, su empleo en la construcción de obras, la disposición final de los mismos y el manejo implícito de los paisajes y demás factores impactados en el medio.


[1] Las guías mencionadas fueron elaboradas por los arquitectos Manuel Morales Alpízar y Mario Villalta Flórez-Estrada, con la colaboración del arquitecto Sergio Morgan Serrato y la licenciada en Salud Ambiental Sofía Solano Arce.

[2]  Guía de Gestión Ambiental para Minería no Metálica. Disponible en: https://cmsdata.iucn.org/downloads/guia_mineria.pdf

[3] Guía de Manejo de Escombros y otros Residuos de la Construcción. Disponible en: https://cmsdata.iucn.org/downloads/guia_escombros_baja.pdf

[4] Guía de Gestión Ambiental para el Manejo del Paisaje en Costa Rica. Disponible en: https://cmsdata.iucn.org/downloads/guia_paisajismo.pdf

[5] Referencia: http://www.unesco.org/new/es/quito/natural-sciences/man-and-the-biosphere-programme/


Referencias:

MINAE (2008). Decreto Ejecutivo No. 34522-MINAE. Costa Rica

Morales, Manuel y Villalta, Mario (2011). Guía de Gestión Ambiental para la Minería no Metálica. San José, Costa Rica: UICN. 104pp.

Morales, Manuel y Villalta, Mario (2011). Guía de Manejo de Escombros y otros Residuos de la Construcción. San José, Costa Rica: UICN. 90pp.

Morales, Manuel y Villalta, Mario (2011). Guía de Gestión Ambiental para el Manejo del Paisaje en Costa Rica. San José, Costa Rica: UICN. 120pp.

Peña, Efraín (2009). Guía de infraestructura: Instrumento de Gestión Ambiental. San José, Costa Rica:

UICN. 120pp.